Exilio: estado de derrota de los poetas

Por en septiembre 23, 2013
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Con motivo del próximo  lanzamiento en París de su novela “Juego de escorpiones”, el escritor Victor Rojas ha enviado esta nota a sus amigos para participarles de este evento, el que Victor considera de importancia en su vida.

victor rojasHace tres décadas algunos amigos míos y yo fuimos vilmente acusados por la cúpula militar colombiana de un crimen atroz. Los motivos de esa acusación aún no los puedo entender a pesar del paso del tiempo. Lo único claro es que con esa acusación nos obligaron a vivir una vida jamás soñada, lejos de nuestras familias. Y crease o no, todo lo que se hace obligado por más fructífero que sea siempre tiene elsabor de la derrota.

Si bien es cierto que mis amigos y yo anhelábamos una patria socialista y de bienestar para los desposeídos de nuestra tierra, es mucho más cierto que estábamos lejos, pero muy lejos, de emplear el terrorismo como herramienta para realizar tales anhelos. Nuestros ideales políticos nada concebían sin la participación masiva de las muchedumbres descamisadas. Es más,abogábamos para que en esa lucha nos acompañara la burguesía progresista. Ennuestro quehacer revolucionario siempre condenamos a los grupúsculos que usurpaban las históricas tareas de las masas. Nunca nos quedamos callados cuando en esa vil usurpación cometían actos de barbarie. Jamás nuestra lucha se encaminó contra prójimos como tales. Siempre propugnamos por un cambio democrático de sistema de gobierno, para bien de todos. Al sistema dirigido por burgueses y terratenientes lo queríamos remplazar por un sistema dirigido por obreros y campesinos. Firmemente nos encaminamos contra el nepotismo, la corrupción, la mediocridad, la falta de fe en el ser humano y la arrogancia. En nuestras libretas de apuntes subrayábamos las frases relacionadas con la distribución equitativa de las riquezas patrias y el bienestar de los ciudadanos.

Al comienzo de mi exilio en Suecia, me sorprendió que el gobierno socialdemócrata imperante, en cabeza de Olof Palme, fuera más radical que nuestros sueños socialistas. Acá nadie moría de hambre, de fiebres o diarreas en los pasillos de los hospitales. Acá se les pagaba y, aún en gobiernos de derecha, se les paga a los jóvenes que estudian secundaría o van a la universidad. Eso, porque en esta patria hace rato se entendió que la mayor riqueza que puede tener una nación, es el conocimiento que posean sus ciudadanos. Los suecos modernos supieron de las torturas porque los torturados vinieron a contarles de sus dolores, no porque hayan tenido que sobrevivir en cámaras de interrogatorio levantadas en instalaciones militares. Cuando entendí lo que significa allemansrätten (que la naturaleza sueca es de todos los suecos), pensé en lo poco ambiciosos que éramos con la consigna: la tierra pa´l que la trabaja.

El caso es que hace cinco años emprendí la tarea de escribir una novela que tuviera como trasfondo los hechos de los cuales se nos acusa. No fue fácil, pero me siento satisfecho de haberlo logrado. Esa modesta pero sincera obra será la palabra escrita que yo deje como prueba de nuestra inocencia. Eso me basta. De esa manera quedo a paz y salvo con todo y todos. Ese “todos” por supuesto que también significa todas.

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