Equivocadas obsesiones en caso Gloria Lara

Por en agosto 30, 2013


A proposito del libro: Luz M. Echeverri, La flor de la esperanza, ISBN:9583390828, Bogotá, 2006

flor_esperanzaSucede que a veces uno se ve obligado a leer un libro. Eso me ocurrió con el que escribió Luz María Echeverri Lara bajo el entrecomillado título “La flor de la esperanza”. No es mi afán, en esta nota, hacer una extensa lista de errores tanto ortográficos como de redacción y diagramación del libro. No, de ninguna manera. Quisiera más bien concentrarme en las absurdas intenciones que tiene el voluminoso escrito. De una parte, se pretende rendirle homenaje (con un mamotreto lleno de calumnias e irresponsabilidades), a Gloria Lara de Echeverri, una mujer vilmente inmolada por una banda de lunáticos. De otra parte, ese mismo librote se empecina en distorsionar con fines políticos, supongo, la realidad de los hechos.

La historia verídica, contada de forma sucinta, trata de una banda de delincuentes comunes que secuestra y asesina a sangre fría a la señora Gloria Lara. Con el paso de los días el estamento militar, sin ninguna jurisdicción ni competencia, se apersona del caso. A la sala de torturas va a parar un puñado de jóvenes activistas de la izquierda democrática que es obligado a confesar un crimen que jamás cometió. De esa manera se constituye una farsa judicial, uno de los primeros falsos positivos judiciales del país de inimaginables consecuencias. En efecto, la joven Patricia Rivera, sus dos pequeñas hijas y el anciano Marco Antonio Crespo, son aprehendidos por la soldadesca y desaparecidos. Mientras los inocentes se retuercen del dolor de las torturas, los verdaderos asesinos planean un nuevo secuestro que al llevarse a cabo crea una serie de efectos inesperados: Iván Murcia, al parecer el jefe de la banda criminal, termina entre rejas. Sin embargo, al poco tiempo, por arte de magia, escapa de La Modelo, cárcel de alta seguridad.

Pese a esas pistas se niega Luz María a emprender el sendero que conduce a la verdad. Por el contrario, no sólo se conforma por andar los oscuros caminos de la infamia inculpando inocentes (y para eso no se hubieran necesitado 5 años de exhaustiva investigación ya que nada diferente arroja a la versión de la cúpula militar de la época), sino que trata de involucrar en este execrable crimen a Raimundo y todo el mundo. Y de paso defender sutilmente a los verdaderos asesinos. Razones tendrá… Vale resaltar que pocos meses antes de su muerte, el padre de Luz María había inculpado del asesinato al hermano del actual presidente de Colombia. En fin, toda esta confabulación mal redactada para lo único que sirve es para convertir a Luz María en cómplice por omisión de la desaparición forzada de Patricia Rivera, sus dos pequeñas hijas y el anciano. Eso para no hablar de las secuelas del exilio obligado en que vivimos quienes fuimos falsamente acusados del delito.

La soterrada protección que los allegados de Gloria Lara le brindan a los verdaderos asesinos, no deja de levantar sospechas. En un momento determinado llegué a pensar que el ganadero Héctor Echeverri, esposo de Gloria Lara, algo tenía que ver con la banda asesina. Tuve esa sensación después de leer las conversaciones en tono amistoso que el susodicho sostuvo con los criminales. Pero pronto recapacité, no podía aligerar juicios basados en suposiciones y falta de pruebas. Eso no es justo ni ético. A la conclusión que sí llegué era que el acto criminal le caía como anillo al dedo al mercader de vacas. No de otra manera se puede explicar el que haya dejado a su mujer enredada en los hilos de su propia suerte, en el más miserable de los abandonos.

El libro “La flor de la esperanza”, está muy lejos de ser un homenaje a una mujer cuya suerte aciaga ha influido tanto sobre los proyectos de vida de un sinnúmero de personas. El mejor homenaje que se le puede rendir a la memoria de esta infortunada mujer es la búsqueda objetiva de sus verdaderos asesinos. Pero fuerzas oscuras, habitantes de cavernas, se empeñan en dejar impune este repudiable crimen, señalando equivocadamente y con cizaña a personas cuyo único delito fue el de haber hecho uso de la rebeldía democrática contra las injusticias que imperan en nuestro país.

El escritor Emile Cioran formulaba que algunos tienen desgracias; otros, obsesiones. ¿Quiénes son más dignos de lástima?, se preguntaba. Indudablemente Luz María tiene desgracias por contar pero también equivocadas obsesiones.