El Muro más allá de los ladrillos

Por en noviembre 13, 2014

Con grandes algarabías y desbordantes regocijos se festejó la destrucción del muro de Berlín. Acontecimiento que nos conduce a preguntarnos qué es un muro. El muro es un signo de progreso en la fundación de la civilización humana tanto en lo público como en lo privado que data de antes de las civilizaciones hoy conocidas. Nadie está en condiciones de precisar el espacio o el tiempo de su surgimiento; sin embargo, su esencia no se ha modificado desde su nacimiento. El es obstáculo, en consecuencia contención e impedimento. Visto desde el ángulo del conocimiento, en tanto que abstracción, el muro es realización de la necesidad. La cual, por método del análisis empírico, asciende de la acción práctica al plano teórico. En este campo es por una parte fenomenología material, mientras que por la otra, es pensamiento o abstracción.

El muro en su fenomenología material para poder realizarse lo hace mediante el Uso. En el plano del uso se objetiva porque se palpabiliza; palpabilización que nos permite por el uso determinar si es positivo o negativo; está determinado por la realidad de uso portador de la calidad.

En su realización positiva lo encontramos en lo múltiple: en lo colectivo, individual, privado y público. Presentando un carácter estable en su modo de ser. Dos ejemplos nos resultan suficientes, en lo público en el muro de una represa y en lo privado los muros de un edificio y así infinidad de ejemplos.

El muro en su función negativa es mucho más complejo, empezando porque es dual, presenta dos lados que son iguales por sus materiales en cuanto a su palpabilidad, no así en cuanto al uso. El análisis posee herramientas que nos permiten de forma simple e inmediata entender dicha fenomenología. El muro en su noción de obstáculo tiene existencia porque impide el movimiento del sujeto, o sea el movimiento de los seres humanos. Razón de su existencia. Negación del movimiento. Negación que es accesible mediante los contrarios. Invasor e invadido. Cada uno de estos contrarios por su parte tiene intereses antagónicos, los que aparecen diáfanos entre agresor y agredido. Hay palpables miles de ejemplos, pero el más ilustrativo es la muralla china y los castillos europeos.

Arriba enunciamos que el muro no es sólo material sino que tiene una manifestación inasible por su abstracción. Verdadero problema de la muralla moderna. Para empezar cabe preguntar si verdaderamente se cayó el muro de Berlín, la respuesta es negativa, no se cayó. Recurriendo al maniqueísmo que maneja las categorías de lo bueno y de lo malo, que generalmente resulta grato a los lectores, y a la vez recogiendo el sentir hoy día del pueblo alemán; para los del lado oriental, la sociedad de mercado no resultó ser la panacea que ellos anhelaban; y del otro, el socialismo no era tan malo.

La prueba de la existencia del muro la encuentra quien quiera comenzando por lo siguiente: En Alemania occidental el desempleo es del cinco por ciento, mientras que en la parte oriental es del diez por ciento, una brecha del doble, y en ese orden puede continuar avanzado por donde bien lo estime.

En los festejos vimos personajes y se oyeron frases consabidas por tanto repetirlas, como esa del muro de la infamia, de la vergüenza, y se invocó la libertad y la democracia. Todos los muros sin excepción, como el de la frontera de México y Estados unidos, el de Israel y Palestina, el de Corea entre el norte y el sur; son una infamia, vergüenza y todo lo que queramos agregarle, como por ejemplo, liberticidas.

A pesar de todo lo que se diga en contra del muro de Berlín, como eso de que de un lado estaba el paraíso y del otro el infierno, él tiene un encanto, en su infierno se esconde la utopía truncada. Una utopía que dio sus frutos en muchas direcciones, a ella le debemos la conquista espacial, la primera nave cósmica fue soviética, el famoso Sputnik. En el momento que escribimos se sucede un magno acontecimiento espacial, Philae acaba de acometizar, son momentos de auténtico alborozo por el avance del ingenio humano el que nos brinda hoy la ciencia europea. El progreso acelerado de la sociedad de mercado, fue el resultado de la emulación entre las dos concepciones económicas, políticas, ideológicas y filosóficas. Buena parte de los progresos sociales, económicos y políticos del mundo occidental se debe a la presencia de la Unión Soviética. Particularmente la mujer fue muy favorecida con su existencia. En el choque de los contrarios las partes se vigorizan, modifican y avanzan. Aquí surge una pregunta necesaria, si el campo socialista era tan bueno por qué se derrumbó. No se desplomó cualquier cosa, se desintegró todo un imperio y lo lamentable fue que no tuvo una sola persona que saliera en su defensa y ni siquiera una lágrima fue vertida ante el féretro de su cuerpo exánime.

Su fracaso obedece escasamente a dos razones. La primera exigía acertar cada vez más en la construcción de una sociedad desconocida de una colosal complejidad para mantenerla en un movimiento permanente entre avances y retrocesos que al final cíclico se cerrará con un avance permanente. Una tarea de ese calado exigía gigantes como Lenin o Stalin, y no de pigmeos como fueron Nikita Kruchev, Leonidas Brejnev y Mijail Gorbatchev. Tanto la dirigencia del partido y del estado estaba en manos seres incapaces de ineptitud sorprendente a la que hay que sumarle una dipsomanía contumaz, y un egoísmo propio de la sociedad individualista, es decir, nivel de conciencia colectiva, cero. Una burocracia voraz que anhelaba el sueño del capitalismo de ser propietario.

La segunda causa la determina el nivel de conciencia alcanzado por el pueblo soviético que era mínimo y que difería muy poco del resto de los habitantes del planeta. Conciencia que se encuentra en la edad de piedra. Mientras que la ciencia y la técnica han avanzado de manera colosal, el hombre en el campo de lo sensible ha sido incapaz de asimilar el enorme progreso material. Bástenos con señalar un sólo ejemplo: en la actualidad el progreso se prepara a derrotar la muerte y a habitar el espacio, los pueblos por el contrario, siguen en la agorería inclinándose ante los diferentes dioses, cultivando la ambición, individualismo, egoísmo y demás taras que le impiden el acceso a llegar ser un hombre de humanidad distinta por sus componentes sensitivos. Al no liberarse de esa conciencia primaria cuya calidad es la torpeza, construye muros como el medio de escapar del otro al que no acepta sino que rechaza.