‘Santos y Uribe pueden construir un camino’

Por en septiembre 23, 2014
Jacques Chirac et Dominique de Villepin

Jacques Chirac et Dominique de Villepin

H.A. Usted es una de las figuras más sobresalientes del pacifismo internacional. Sin embargo, viene de una tradición política, la del general De Gaulle, y los gaullistas no me parecen propiamente pacifistas. Ellos pelearon la guerra de Liberación contra los nazis y la guerra de Argelia también…

D.d.V. La verdad es que el gaullismo fue cambiando. Es verdad que ante el gran desafío nazi en Europa, la decisión del general De Gaulle de optar por la resistencia no tenía ninguna duda, ninguna fisura. Pero ese era un desafío muy especial, único. En cuanto a la guerra de Argelia, la posición de De Gaulle fue cambiando de itinerario, de acuerdo con los sentimientos de la población francesa. Poco a poco se pasó de la guerra a cómo hacer la paz. Y hacer la paz es muy complicado; se necesita el apoyo de la gente. Había que mostrar lo que la paz podría permitir, lo que tendría de bueno la paz. Y eso el general De Gaulle lo mostró: Francia en paz, tendría un crecimiento económico extraordinario. En el 58, durante la guerra de Argelia, el país se da cuenta de que puede tener mejores resultados internos y una posición fuerte en el mundo, haciendo la paz en Argelia. De Gaulle muestra el carácter positivo de la paz. Y después de Argelia es el general De Gaulle quien les dice a los norteamericanos que es una tontería hacer la guerra de Vietnam, una tontería la guerra de Israel contra los árabes en el 67. De Gaulle fue el primero en abrirse a la Unión Soviética, en el 64, y el primero en tener relaciones con China. Él quiso hacer la paz con el mundo entero porque la paz es mucho más revolucionaria, cuando se hace dinámica y positivamente, que la guerra. De la guerra uno no sale. La guerra se hace en el terreno y también en la mente; y cambiar la mentalidad es muy difícil. Lograr tener éxito haciendo la paz es muy complicado. Y esa revolución la hizo el general De Gaulle: de la guerra contra los nazis, a un país de paz que defiende la tolerancia, la idea de discutir con todo el mundo sin prejuicios, y tratar de solucionar discutiendo todas las crisis: ser un país intermediario, un país entre los otros países.

H.A. Hablemos de guerras privadas, ahora. A veces los políticos se detestan. Es proverbial el odio recíproco entre usted y Nicolás Sarkozy. Ustedes fueron el símbolo del odio político en la Francia contemporánea. Aquí el odio de Uribe por Santos, es también impresionante. Tal vez nunca dos líderes políticos colombianos se habían detestado tanto. Es más fácil para Santos hacer las paces con las Farc, que con un antagonista ideológicamente menos distante: Álvaro Uribe.

D.d.V. Primero, para mí es evidente que no se puede vivir bien, no se puede llevar una vida buena y honrada, con el odio. El odio es algo que ocupa cada segundo del día; y no solo esto, sino que también es algo que lo obliga a uno a estar mirando hacia atrás. El odio te disminuye, te empequeñece y que no te permite crear nada nuevo. Se necesita reconciliación para poder ver al mundo de otra manera, para empezar otro día. Por eso para mí ha sido muy importante poder hablar con Nicolas Sarkozy. Eso me permite entrar en una vida nueva, y me permite expresar mi visión de las cosas; para eso yo necesito darle la mano a alguien a quien yo combatí y que me combatió también de un modo tan duro. Y entrar en una nueva fase. La política necesita más que todo paz interior y serenidad. Sin eso, uno se enfrasca en el combate cotidiano y olvida que detrás del combate hay un objetivo, y el combate mismo se convierte poco a poco en la meta.

Para un ejército matar al que está al frente no es un objetivo, por eso les dije yo a los americanos cuando la guerra de Iraq: la guerra no es el objetivo; el objetivo es la paz. La paz es tan complicada que si no se la prepara desde un principio nunca será posible lograr la paz. Es lo mismo en política: si uno quiere servirle a Colombia hoy, o servirle a Francia, en mi caso, uno necesita en un cierto momento ser capaz de seguir adelante con todo el mundo, escuchando a todo el mundo, porque la verdad no está en las manos de uno y el error en la cabeza de los otros. Por eso yo sentí la necesidad de hablar con Sarkozy. Yo quiero llevar mi vida política de otro modo, sin estar metido en la lucha de los partidos políticos; sin meterme en el combate de cada día. Quiero pensar cuál es el interés general de mi país, de Europa y del mundo, no el interés mío o el de mi partido.

Yo estoy convencido de que si el presidente Santos y el presidente Uribe se ponen frente a frente y se preguntan cuál es el interés de Colombia van a lograr trabajar por algo común; construir un camino. Hay que escuchar las diferentes concepciones, pero en un cierto momento hay que entrar en el combate más importante que es el de la reconciliación, la paz y la justicia. Y este combate no se hace con un revólver en la mano. El odio entre dos personas no está condenado a ser eterno; uno sale fortalecido de la reconciliación.

La guerra y el odio parecen una fuerza imposible de erradicar, algo que se hereda de una generación otra, y pasa de padres a hijos, repitiéndose. Hay que luchar contra la fatalidad de los fantasmas que retornan: hay que luchar contra el miedo y la fatalidad. Eso hace cambiar el mundo.

H.A. Quizá el problema sea que Uribe tiene la herida indeleble de su padre asesinado por la guerrilla. Así uno entiende que él considere que los de las Farc son solo unos terroristas a los que hay que matar o hacer que se rindan y jamás negociar con ellos.

D.d.V. Esta es una experiencia histórica, general, del mundo. En todo el mundo todos los países llaman terroristas a los que luchan contra el Estado en un cierto momento histórico. Francia llamaba terroristas a quienes luchaban en la guerra por la independencia de Argelia; los de Vietnam eran terroristas para Francia o para Estados Unidos. Los ingleses y los árabes llamaban terroristas a los judíos que luchaban por crear a Israel. La mayoría de los israelíes llaman terroristas a los palestinos. Los terroristas luego adquieren otra posición y dejan de ser terroristas. Para salir de ese círculo vicioso hay que llegar a integrar a los que llamábamos terroristas para que dejen de matar y se integren a otro tipo de vida.

H.A. ¿Y perdonar tantos crímenes atroces?

D.d.V. Esa es la experiencia de Suráfrica y de Irlanda. Claro: justicia para las víctimas, pero también perdonar y olvidar. La reconstrucción no se hace sobre la base del olvido de lo que pasó; no, lo que hay que olvidar es el odio, aun recordando las atrocidades que se cometieron. Olvidar la ofensa, pero tener la memoria y la verdad de quienes sufrieron la injusticia de parte de los terroristas o de parte de otros. Esa es la historia común del pueblo colombiano. En cierto momento los colombianos tienen que ser capaces de seguir adelante e ir más allá, sin quedarse rumiando en el rencor por lo que hizo Uribe o por lo que hicieron los paramilitares o por lo que hicieron las guerrillas o el Estado. No puede haber una recriminación perpetua entre los distintos bandos. Perdonar es la historia de la humanidad y es lo que nos hace grandes y lo que nos renueva. Es lo que nos da fuerzas para construir algo. Hay que perdonar para que Colombia pueda crecer y construir una nueva historia, una página nueva y al fin sin la que parece eterna violencia política. Una nueva página de su vida colectiva: hay que perdonar para que el futuro de los jóvenes sea posible. Si uno se encierra en el odio y en la revancha uno se muere con el odio y con la revancha.