Gritos en el cielo por Palestina

Por en julio 18, 2014

Ante el crimen israelí, la voz de los poetas contrasta con el silencio cobarde y obsecuente de la llamada Comunidad Internacional

Lasse Söderberg

(Suecia)

Tomado del poemario Las piedras de Jerusalén

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Comprar legumbres con Yehuda

El pasado lanza piedras al futuro
y todas dan al presente.

Yehuda Amikhai

1.
A través del corazón caótico íbamos
a comprar legumbres para su familia.
El aire se llenaba de gritos de verduleros
que todavía no se habían convertido en piedras.
Sin embargo había muchas en el suelo
por las que andaba a grandes pasos
Entre bajos muros oliendo a mirra.
Las legumbres eran su rescate.

2.
Abandonamos las partes orientales de la ciudad
acercándonos de nuevo a Yemin Moshe.
Comprar legumbres para la familia,
es tan sencillo como tirar piedras
decía, mientras señalaba en el suelo.
Pero tirar piedras puede llevar lejos.
La que ves reposando allí
vino una vez de la honda de David.

Samih Al Qassim

(Palestina)

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Lo Gritaré

Mientras me queden algunas pulgadas de tierra
mientras que quede un olivo
un naranjo
un pozo…un bosquecillo de cactus
mientras me queden recuerdos
una pequeña biblioteca
la foto de un antepasado…una pared
mientras queden en mi pais palabras árabes
y cantos populares
mientras queden manuscritos de poemas
y los cuentos de Antar Al’Absi
las guerras del llamado en las comarcas de Roma y Persia
mientras me queden ojos
libros
manos
mientras me quede… aliento
lo gritaré de frente al enemigo
lo gritaré, declaración de guerra
en nombre de los hombres libres
obreros, estudiantes, poetas
lo gritaré… y que los panzas blandas
y los enemigos del sol
se harten del pan de la verguenza
mientras me quede aliento
y aliento me quedará
mi palabra será el pan y el alma
entre las manos de los guerrilleros.

Victor Rojas

(Colombia)

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Tabernáculo

Me niego a creer que toda la estirpe de Israel
se haya convertido en un asesino
con perdigones por ojos

Un fratricida que no respeta las edades de la vida

Un verdugo que levanta muros en los desiertos
y obedece ciegamente a dioses ebrios de venganza

Pongo en duda que no haya voces que se aparten

Debe haber
entre los hijos de David
bondadosos seres que hornean pan
y sienten suyo el dolor del hermano
que pastorea sus cabras al otro lado de la tapia

Debe haber
nietos de Rubén y Simeón
que le cantan a la vida al frente de un lienzo
o inclinados sobre una hoja de papel
atrapando versos
o sentados en las aceras del barrio
tocando una flauta o rumiando ideas
Ellos no creen que el asesino sea colectivo

Debe haber, digo,
una hija de Judá o de Leví
que en noches sosegadas
advierte que las estrellas no tienen parcelas
que es mejor ponerle el pecho a la caricia que a las piedras

Debe haber
semitas que han metido en su cabeza
que Sion ya no es la colina de los espíritus apacibles
sino el parapeto del homicida

Debe haber, vuelvo a decir,
tataranietos de Dan, Gad y Aser
que en sus huertos abren moradas a las semillas
y en los días sin ayuno
adoban tejas para adornar viviendas

Debe haber
otra estirpe de Zabulón y Efraín
que siente náuseas
del misántropo disparar de sus congéneres
Ella también se niega a creer que el asesino sea colectivo

Debe haber
herederos de Benjamín
que quisieran ver al otro lado de la muralla
a un padre caminar desprevenido
de la mano del más pequeño de sus hijos

Debe haber, repito,
linaje de Manasés y Neftalí
que comprende que la vida es demasiado corta
y más corta aún
para quienes nacen en la mira de un fúsil
y crecen en cunas de maderos sin cortar

Son esas voces
cinco o siete
tal vez doce, una por tribu,
llamadas a romper la complicidad fratricida
de otras lenguas que el mundo habla
pero nada dicen

Jönköping, julio de 2014