Caso Gloria Lara: ¿por qué los liberaron?

Por en agosto 22, 2013
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Tomado de: Revista Semana, N° 75, Bogotá, octubre 1983, p. 30-34

SEMANA revela las incongruencias e irregularidades que justificaron el fallo judicial

semana_torturas3Pocas imágenes habian impresionado tanto a la opinión pública. Juan Tadeo Espitia Supelano, un joven de 23 años y mirada extraña, confesaba de manera detallada, ante el estupor del pais entero que lo veía por televisión, la forma como había llevado a cabo el asesinato de Gloria Lara de Echeverry. Con voz temblorosa y aspecto embotado, contaba que en compañia de dos personas más y en un Renault blanco, habia llevado en medio de la noche a Gloria Lara a un parque del barrio Bonanza en donde, después de hacerla arrodillar, le disparó en la cabeza.

Diez meses después, el país recibía desconcertadamente la noticia de que Tadeo Espitia y los otros siete sindicados del atroz asesinato eran inocentes. El Juez 16 Superior, Enrique Alford Córdoba, después de haber practicado numerosas diligencias judiciales, decretaba para todos “excarcelación y libertad incondicional”.

La confesión de Espitia no era sino una de seis que la BIM había obtenido y que constituían la base de la acusación de que una antigua organización politica denominada la ORP (Organización Revolucionaria del Pueblo) era la responsable del secuestro y asesinato de Gloria Lara.

¿Cómo era posible que un delito con múltiples implicados y lujo de detalles, cuyas pruebas parecían irrefutables, resultara ser, de la noche a la mañana, un protuberante error judicial? ¿Si las personas que fueron presentadas como culpables hoy son inocentes, quién es responsable y qué implicaciones tiene esto en un pais que se precia de ser un Estado de derecho? Probablemente, como sucedió con el caso Rincón Quiñones, muchos de estos interrogantes no serán absueltos nunca.

Lo único que parece claro son los aspectos jurídicos del asunto. Los acusados del asesinato de Gloria Lara fueron liberados por dos razones: por irregularidades en el proceso y por ausencia de pruebas contundentes en su contra. Lo primero, son aspectos de mecánica jurídica que pueden anular un proceso sin que esto implique inocencia de los acusados. Lo segundo, un debilitamiento gradual de la prueba acusatoria. A la opinión pública le importa más lo segundo que lo primero, pues antes que los tecnicismos jurídicos, le interesa es determinar con base en qué evidencia se decretó la libertad de los acusados.

Múltiples contradicciones

Inicialmente la prueba central sobre la cual reposaba el proceso eran las confesiones individuales de seis de los ocho sindicados. Como éstas fueron obtenidas en la BIM y posteriormente retractadas ante el juez tuvo lugar un debate sobre si habían sido producto de torturas. Las autoridades, encabezadas por el Procurador,desmintieron estas versiones alegando que hubo “maltratos” y no torturas. La opinión pública, partiendo de la base de que los sindicados eran culpables, no consideró necesario hacer un mayor esfuerzo para diferenciar entre unas y otras. Sin embargo, SEMANA se enteró de que, cuando se comenzaron a estudiar detenidamente las confesiones, empezaron a salir a flote algunas incongruencias y contradicciones. De éstas las más significativas son las siguientes:

1. El acusado material del crimen, Juan Tadeo Espitia Supelano también estaba acusado de haber participado en el secuestro. Sin embargo, ese día, se encontraba trabajando en el Fondo Nacional del Ahorro, según la tarjeta de control de horario y constancia expedida por dicha entidad oficial.

2. Mientras todas las confesiones coincidían en que el secuestro se había llevado a cabo utilizando el Renault 4 blanco de Hernando Franco, sindicado de la autoría intelectual del crimen, los testigos oculares identificaron el vehículo como un Renault 12 de color azul.

3. La persona acusada de haber conducido el vehículo la noche del secuestro, Rodrigo Penilla Candela, estaba dictando clases de sociales en la Escuela Pedro Poveda, según constancia expedida por esa entidad.

4. Los detenidos confesaron que tan pronto estuvo en su poder la señora Lara de Echeverry, partieron rumbo al sur, mientras todos los testigos oculares coinciden en que el vehiculo de los secuestradores partió hacia el norte.

5. Las tres casas donde supuestamente habría permanecido la secuestrada, según confesiones de los sindicados, eran claramente inapropiadas para mantener una persona cautiva. La casa de Hernando Franco, donde habría estado inicialmente, resultó ser un jardín infantil con señoras recogiendo diariamente a sus hijos, varias de las cuales atestiguaron que en sus visitas cotidianas nunca registraron nada anormal. El segundo sitio, la casa de una de las detenidas, Betty Suárez, se trata de un recinto estrecho y habitado por varias personas; seria, según algunos, ilógico pretender tener una persona retenida en medio de tanta gente. Finalmente, el local en el barrio Paulo VI, en donde habria pasado sus últimos dias la secuestrada, está situado en un primer piso, a la vista pública en un edificio multifamiliar.

6. Aunque tanto en el secuestro como en las fotos que conoció la opinión pública se utilizaron diversas armas, en ninguno de los más, de 50 allanamientos que se hicieron se encontró una sola arma.

7. Según las confesiones, las armas fueron transportadas desde Sincelejo en un carro funerario Ford modelo 55 de propiedad de Hugo Guevara Urrutia. Posteriormente, testimonios de habitantes de Sincelejo certifican que un carro de ese año y en las condiciones en que está no hizo ni puede hacer el trayecto Sincelejo-Bogotá.

8. Tadeo Espitia Supelano afirmó en su confesión haber llevado personalmente al “Bogotano” las fotos que probaban que la ORP tenia en su poder a Gloria Lara. Durante el proceso se estableció a través de declaraciones de personal de este diario,entre otros Jaime Torres, que éstas fueron recogidas en el Motel La Florida, después de una llamada suministrando esa información.

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